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2010/09/20 Eligiendo una Profesión

Es muy frecuente observar a los adolescentes presionados por tener que decidir su futuro profesional sin haber madurado suficientemente el sustento de su vocación profesional. Las tenues simpatías por alguna carrera a veces provienen de la imitación o de la presión publicitaria. Esto puede aparentar toda una decisión, ya que los chicos generalmente tratan de aparecer como "muy decididos", para autoafirmarse, pero, nada que ver con una vocación.

En otras ocasiones, observamos que la familia presiona para que el hijo siga la carrera del padre y "se mantenga la tradición". En otros, funciona el sentido práctico, se tiene el negocio o la tienda y se decide en función de eso.

La vocación se fragua en el tiempo, se tiempla en la adversidad y se nutre de la frustración. Es por eso que muchas veces es necesario tomarse un tiempo antes de decidir, para encontrarse uno primero consigo mismo.

Es oportuno recomendar que se les otorgue un tiempo a los adolescentes antes de decidirse a comenzar una carrera. En ese lapso, para escuchar su "voz interior", podrían ir observando mejor las circunstancias de la vida que les ha tocado vivir y, acaso, realizar actividades alternativas de carácter “no definitivo", como trabajar, hacer deportes, estudiar idiomas, etc.

Inclusive, es posible que, luego de haberse tomado el tiempo y haber decidido que determinada ruta profesional es la que quieren dar a sus vidas, terminen por decidir que no era como creían al principio.

Una de las maneras de darnos cuenta de nuestra verdadera vocación, es que estaremos dispuestos a dedicarle todo el tiempo que sea necesario, a renunciar a cualquier otra cosa que se oponga a nuestro objetivo. No cabe claudicar. La pasión y la perseverancia nos habitan y, aunque nadie lo entienda, nos sentimos íntimamente satisfechos con lo que hacemos.

La fuerza de la vocación nos permite, incluso, que seamos nosotros los que “hacemos” a la profesión y no tanto que la profesión “nos haga” a nosotros. La esencia de la vocación es poder ser uno mismo, ser singular y diferente.

Otro rasgo que nos habla de una verdadera vocación es que el aliciente de la excelencia es siempre uno de sus componentes. Permanentemente estamos buscando hacer mejor lo que hacemos o, por lo menos, estamos abiertos a variar creativamente. Nunca estaremos fijados y conformes con lo ya logrado, siempre habrá un “después” que nos aliente a crear nuevas versiones de lo que hacemos… y de nosotros mismos en lo que hacemos.

He visto ahogar el desarrollo de algunas inclinaciones que bien hubieran podido cuajar en vocación. Suele ocurrir cuando hay una sobre exigencia en la persona en formación. Cuando se generan demasiadas expectativas desde los padres o la sociedad, el muchacho deja de sentir que el objetivo sea suyo y puede llegar a rechazar aquello que en un inicio le era grato.

Es importante saber que un muchacho puede tener habilidades para uno u otro quehacer pero puede faltarle la vocación. La vocación traduce identidad. El ejercer una profesión con vocación, se reflejará en su quehacer.

Muchas veces, el conflicto con los padres o las perturbaciones emocionales en general, dificultan que un talento cuaje como vocación. Existen muchos talentos que se desperdician por falta de una maduración hacia el desarrollo de una vocación.

Vocación es disciplina, no sometimiento. Pero, también, es humildad. No es esa arrogancia “sobradora” que hace que uno se sienta por encima del resto (a veces porque se tiene buena memoria o habilidades fuera del promedio). Pero, de eso hablaremos en otro momento…

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